Obesidad pediátrica

Visión general

En los Estados Unidos, la obesidad es la condición dietética más común entre los niños y adolescentes. Aproximadamente el 21-24 por ciento de los niños y adolescentes estadounidenses tienen sobrepeso, y otro 16-18 por ciento son obesos; la obesidad es más frecuente en ciertos grupos étnicos.

La obesidad en la infancia aumenta el riesgo de resistencia a la insulina y diabetes tipo 2, así como hipertensión, hiperlipidemia, enfermedad hepática y renal y disfunción reproductiva. Este síndrome también aumenta las posibilidades de desarrollar obesidad de inicio en la edad adulta y enfermedades cardiovasculares.

La obesidad en los niños es una condición complicada. Su frecuencia ha aumentado tan dramáticamente en los últimos años que muchas personas lo consideran un riesgo importante para la salud en el mundo industrializado. La obesidad se está volviendo más común en todos los grupos de edad pediátrica, de ambos sexos y varios grupos étnicos y raciales, según la Encuesta Nacional de Examen de Salud y Nutrición.

Se cree que muchas variables tienen un papel en el desarrollo de la obesidad, incluida la genética, el medio ambiente, el metabolismo, el estilo de vida y los hábitos alimenticios. Sin embargo, más del 90% de los casos son idiopáticos; menos del 10% se deben a factores hormonales o genéticos.

 

Definición de obesidad pediátrica

Aunque la definición de obesidad y sobrepeso ha evolucionado a través del tiempo, todavía se caracteriza como un exceso de grasa corporal (GC). No hay acuerdo sobre un punto de corte para el sobrepeso o la obesidad en niños y adolescentes. Los niños con edades de 5 a 18 años fueron clasificados como gordos si su proporción de grasa corporal era de al menos el 25% para los hombres y el 30% para las niñas, respectivamente.

El Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades definió el sobrepeso como el peso que esta en o por encima del percentil 95 del índice de masa corporal (IMC) para la edad y "en riesgo de sobrepeso" como entre el percentil 85 y 95 del IMC para la edad. Investigadores europeos clasificaron el sobrepeso como en o por encima del percentil 85 y la obesidad como en o por encima del percentil 95 del IMC. 

Técnicas como el IMC, la circunferencia de la cintura y el grosor del pliegue de la piel se han empleado ampliamente en el entorno terapéutico. Aunque son menos confiables que los enfoques de investigación, estos métodos son adecuados para identificar el peligro. Si bien el IMC parece ser adecuado para distinguir a los adultos, puede no ser tan beneficioso en los niños debido a su forma corporal cambiante a medida que crecen. Además, el IMC no diferencia entre la grasa y la masa libre de grasa (músculo y hueso) y puede exagerar la obesidad en jóvenes con grandes músculos.

Además, el proceso de desarrollo varía entre géneros y grupos étnicos. Los estudios que emplearon el IMC para identificar a los niños con sobrepeso y obesos en función del porcentaje de grasa corporal informaron que esta técnica de categorización tenía una alta especificidad (95-100%) pero una baja sensibilidad (36-66%). Si bien las implicaciones para la salud de la obesidad están relacionadas con el exceso de grasa, la mejor técnica de categorización debe basarse en la evaluación directa de la gordura.

Aunque técnicas como la densitometría se pueden utilizar en la investigación, no son apropiadas para el uso clínico. El análisis de impedancia bioeléctrica (AIB) se emplea comúnmente en grandes investigaciones basadas en la población y escenarios clínicos. Para los jóvenes, la circunferencia de la cintura parece ser más precisa, ya que se dirige a la obesidad central, que es un factor de riesgo para la diabetes tipo II y la enfermedad coronaria.

 

Epidemiología

La obesidad pediátrica, a menudo conocida como obesidad infantil, es un problema global en aumento que necesita atención debido a la carga que impone al sistema de salud tanto para niños como para adultos. La obesidad entre niños y adultos es causada principalmente por el consumo de alimentos grasos y una dieta alta en azúcar, así como por fumar cigarrillos y la falta de ejercicio. La obesidad afecta al 34% de los niños en los Estados Unidos y es un importante problema de salud pública debido a las altas tasas de morbilidad y mortalidad. Los gastos médicos para la atención de la obesidad han aumentado, representando el 40% del presupuesto de atención médica en 2006, con miles de millones de dólares gastados en atención médica cada año.

 

Etiología 

Comúnmente se cree que el aumento de la obesidad es causado por un desequilibrio entre la ingesta y el gasto de energía, con un aumento en el balance energético positivo que está directamente relacionado con el estilo de vida elegido y las preferencias de consumo de alimentos. Sin embargo, existe una creciente evidencia de que los antecedentes genéticos de un individuo tienen un papel en la predicción del riesgo de obesidad.

El estilo de crianza, los factores familiares y la vida de los padres tienen un papel. Los factores ambientales como las regulaciones escolares, la demografía y las presiones relacionadas con el trabajo de los padres tienen un impacto en los hábitos alimenticios y de actividad física.

Uno de los elementos más importantes investigados como causa de obesidad es la genética. Según algunas investigaciones, el IMC es 25-40% heredable. Sin embargo, para alterar el peso, la vulnerabilidad genética debe combinarse con frecuencia con otras variables ambientales y de comportamiento. Menos del 5% de las ocurrencias de obesidad infantil son causadas por un componente hereditario. Como resultado, si bien la genética puede desempeñar un papel en el desarrollo de la obesidad, no es la causa del aumento sustancial de la obesidad juvenil.

La tasa metabólica basal también se ha investigado como una causa potencial de obesidad. La tasa metabólica basal, a menudo conocida como metabolismo, es la cantidad de energía gastada por el cuerpo durante los procesos típicos de reposo. En individuos sedentarios, la tasa metabólica basal representa el 60% del gasto total de energía. En las personas obesas, se ha planteado la hipótesis de que tienen tasas metabólicas basales más bajas. Las diferencias en las tasas metabólicas basales, por otro lado, es poco probable que sean la causa del aumento de las tasas de obesidad.

Los jóvenes aprenden imitando las elecciones de alimentos, el consumo y la disposición a probar nuevas cocinas de sus padres y compañeros de clase. La disponibilidad y exposición regular a comidas nutritivas es fundamental para desarrollar preferencias y superar la aversión a los alimentos.

Las rutinas a la hora de comer son vitales ya que los estudios muestran que las familias que cenan juntas comen comidas más saludables. Además, salir a cenar o ver la televisión mientras se come está relacionado con un mayor consumo de grasas. El estilo de alimentación de los padres también es importante.

Las políticas gubernamentales y sociales también pueden fomentar un comportamiento saludable. Según la investigación, el elemento más significativo en las selecciones de bocadillos para adolescentes es el sabor, seguido por el hambre y el precio. Otros estudios muestran que los adolescentes vinculan la comida chatarra con el disfrute, la libertad y la conveniencia, pero preferir alimentos nutritivos se considera inusual.

Las variables dietéticas se han investigado intensamente por sus posibles impactos en las crecientes tasas de obesidad. La ingesta de comida rápida, las bebidas azucaradas, los bocadillos y el tamaño de las porciones se encuentran entre los aspectos dietéticos que se han estudiado.

Ingesta de comida rápida: En los últimos años, el aumento del consumo de comida rápida se ha relacionado con la obesidad. Muchas familias, particularmente aquellas con dos padres que trabajan fuera del hogar, eligen estos lugares porque a menudo son preferidos por sus hijos y son convenientes y económicos. Los restaurantes de comida rápida venden alimentos que son ricos en calorías pero que carecen de valor nutricional. Una investigación analizó los patrones de alimentación de los adolescentes delgados y con sobrepeso en los establecimientos de comida rápida. 

 

Historia y examen físico

La estatura corta o una tasa lenta de desarrollo lineal en un niño obeso implica insuficiencia de la hormona del crecimiento, hipotiroidismo, exceso de cortisol, pseudohipoparatiroidismo o una enfermedad hereditaria como el síndrome de Prader-Willi.

El hipotiroidismo está indicado por antecedentes de piel seca, estreñimiento, sensibilidad al frío o fatigabilidad. Si un adolescente obeso desarrolla diabetes manifiesta, se puede observar poliuria y polidipsia.

Un historial de lesión del SNC (por ejemplo, infección, trauma, sangrado, radioterapia, convulsiones) apoya la obesidad hipotalámica con o sin insuficiencia de la hormona del crecimiento hipofisaria o hipotiroidismo hipofisario. Un historial de dolores de cabeza matutinos, vómitos, anomalías de la visión y micción excesiva o beber también puede indicar que la obesidad es el resultado de un tumor o masa en el hipotálamo.

La acumulación selectiva de grasa en el cuello, el tronco y las estrías púrpuras indica un exceso de cortisol, especialmente si el ritmo de desarrollo lineal se ha ralentizado.

La aparición de indicadores de desarrollo sexual a una edad temprana muestra que el aumento de peso es el resultado de la pubertad prematura. El vello facial excesivo, el acné y los períodos irregulares en una mujer adolescente, por otro lado, implican que el aumento de peso puede deberse al exceso de cortisol o al síndrome de ovario poliquístico (SOP). La obesidad puede estar asociada con vello facial, ciclos menstruales anormales e hipertensión.

Las pistas clínicas que sugieren una etiología hormonal para la obesidad infantil incluyen las siguientes:

  • Aumento de peso fuera de carácter para la familia
  • Obesidad en un niño pequeño
  • Aumento de peso progresivo sin un aumento comparable en el crecimiento lineal
  • Piel seca, estreñimiento, intolerancia al frío y fatigabilidad
  • Antecedentes de daño al sistema nervioso central (SNC) (por ejemplo, trauma, hemorragia, infección, radiación, convulsiones)
  • Acumulación de grasa en el cuello y el tronco, pero no en los brazos o las piernas
  • Estrías púrpuras (estrías)
  • Hipertensión
  • Desarrollo sexual inapropiado a una edad temprana
  • Exceso de vello facial, acné y/o menstruación irregular en una adolescente
  • Dolores de cabeza, vómitos, trastornos visuales o micción y consumo excesivos de alcohol
  • Tratamiento con ciertos medicamentos o medicamentos

 

Diagnóstico

Identifique cualquier trastorno genético u hormonal que pueda ser la causa de la obesidad de un niño.

Un nivel de hemoglobina A1c en sangre, así como los niveles de glucosa e insulina en ayuno y  2 h  post carga de glucosa (para evaluar la tolerancia a la glucosa y la resistencia a la insulina) están indicados en la evaluación de la diabetes mellitus tipo II. Los niños y adolescentes obesos con una concentración de glucosa plasmática en ayunas superior o igual a 86 mg/dL tienen más probabilidades de tener intolerancia a la glucosa.

Los siguientes estudios de laboratorio también pueden estar indicados en pacientes con obesidad:

  • Panel lipídico en ayunas para la detección de dislipidemia
  • Pruebas de función tiroidea
  • Leptina sérica
  • Las pruebas de función suprarrenal, cuando sea necesario, pueden descartar el síndrome de Cushing.
  • Cuando esté indicado por la historia clínica y el examen físico, cariotipo (utilizando hibridación fluorescente in situ [HFIS] para Prader-Willi).
  • Cuando está indicado, se realizan pruebas de secreción y función de la hormona del crecimiento.
  • Cuando está indicado, se miden las hormonas reproductivas (incluida la prolactina).
  • Los niveles séricos de calcio, fósforo y hormona paratiroidea se miden para descartar un posible pseudohipoparatiroidismo.
  • Las transaminasas (pruebas de función hepática) se usan para detectar la enfermedad del hígado graso no alcohólico (esteatohepatitis no alcohólica)

Cuando esté clínicamente justificado, adquiera una resonancia magnética del cerebro con un enfoque en el hipotálamo y la glándula pituitaria.

 

Manejo

En teoría, todas las intervenciones de tratamiento en el niño con obesidad deben regular el aumento de peso y reducir el índice de masa corporal (IMC) de una manera segura y efectiva, así como evitar problemas de obesidad a largo plazo en la infancia y la edad adulta.

Controle cualquier consecuencia de la obesidad aguda o crónica y obtenga ayuda mental si tiene hábitos alimenticios atípicos o depresión severa. Cree un plan de atención que se centre en la nutrición y el ejercicio a largo plazo, el apoyo familiar y evitar fluctuaciones de peso severas. Es probable que un enfoque colaborativo de la terapia que incluya los esfuerzos de educadores de enfermería, nutricionistas, fisiólogos del ejercicio y consejeros sea el más beneficioso.

En algunas circunstancias, puede ser necesario consultar con un experto en medicina pulmonar (y del sueño), ortopedista y/o gastroenterólogo. Evite las medidas punitivas y, en su lugar, promueva una conducta positiva.

Debido a que las reducciones dramáticas del IMC son difíciles de lograr y mantener en niños y adolescentes, así como en adultos, comenzar el asesoramiento y la terapia con objetivos realistas que enfatizan las reducciones graduales en la grasa corporal y el IMC y el mantenimiento de la pérdida de peso en lugar de un rápido retorno al peso corporal ideal puede ser prudente. La pérdida de peso corporal es seguida por una disminución correspondiente en el consumo de energía. Como resultado, mantener un cierto peso en un paciente obeso necesita un menor consumo de calorías que mantener un peso equivalente en un paciente no obeso.

 

Tratamiento conductual

Para los niños muy obesos, el control de peso conductual basado en la familia es beneficioso. Los niños de 8 a 12 años con un percentil promedio del índice de masa corporal (IMC) para la edad y el sexo de 99,18, tuvieron una disminución sustancial en el porcentaje de niños con sobrepeso a los 6 meses en comparación con aquellos con cuidados normales.

Se reportaron mejoras pequeñas pero sustanciales en los resultados médicos en niños pequeños extremadamente obesos de 6 y 12 meses de edad; Los atracones alimenticios influyen en la primera respuesta a la terapia conductual basada en la familia. Los niños que reportaron auto-reportaron atracones alimenticios tuvieron un aumento del 2,6 por ciento en el porcentaje de sobrepeso en respuesta a la terapia aguda, mientras que aquellos que no comieron en exceso tuvieron una caída del 8,5 por ciento; sin embargo, esta diferencia no se mantuvo durante el seguimiento a más largo plazo.

Los niños que reportaron atracones alimenticios representaron el 11,5 por ciento de los sujetos de investigación; eran más jóvenes, tenían más síntomas de depresión, ansiedad y trastornos alimentarios, y tenían una autoestima más pobre que aquellos que no reportaron atracones alimenticios. 

Cualquier intervención está condenada al fracaso si los miembros de la familia no participan activamente y la apoyan. El joven en cuestión puede ser solo uno entre varios miembros obesos de la familia, y la terapia exitosa con frecuencia requiere un cambio en los hábitos alimenticios de toda la familia. En ciertas circunstancias, la consejería familiar puede ser bastante efectiva.

 

Modificaciones en el estilo de vida, ejercicio y actividad física

Aunque no se puede sugerir definitivamente un programa de terapia, los tratamientos integrados de estilo de vida conductual resultan en una pérdida de peso considerable. Aunque el orlistat y la sibutramina (ambos prohibidos en el mercado estadounidense) se pueden usar como suplementos para cambios en el estilo de vida, deben tomarse con precaución.

Fumar tabaco suprime el apetito y es utilizado por muchos adultos y adolescentes para evitar o controlar el aumento de peso. Las repercusiones negativas de fumar obviamente exceden las ventajas del control de peso, y todos los niños y adolescentes deben ser fuertemente desalentados de fumar. Los adolescentes obesos que dejan de fumar deben tomar precauciones para evitar aumentar demasiado de peso.

Los médicos y los padres deben instar a los niños a realizar ejercicio físico riguroso durante la adolescencia y la edad adulta joven, así como restringir el tiempo que pasan viendo televisión, viendo videos y jugando juegos de computadora. Incluso 20-30 minutos de caminata diaria pueden ayudar con el control de peso.

El ejercicio minimiza el aumento de peso al aumentar el gasto de energía y tiene un impacto positivo en la salud cardiovascular, reduciendo la grasa corporal y los niveles de colesterol total, aumentando la masa corporal magra y los niveles de lipoproteínas de alta densidad (HDL), y mejorando el bienestar psicológico. Los ensayos controlados han demostrado que los regímenes de acondicionamiento físico de estilo de vida combinados con limitaciones alimentarias promueven el control de peso a largo plazo en niños y adolescentes.

De acuerdo con los hallazgos de una revisión exhaustiva y una investigación de metanálisis, no se ha demostrado que los sistemas de referencia de ejercicio sean una forma efectiva de aumentar la actividad física o reducir la depresión en personas sedentarias en comparación con el tratamiento normal. Se necesita más investigación para determinar el impacto en los resultados relacionados con la salud.

 

La Organización Mundial de la Salud publicó directrices sobre la ingesta de azúcar. 

Las directrices incluyen lo siguiente:

  • La Organización Mundial de la Salud recomienda limitar la ingesta de azúcares libres a lo largo de su vida.
  • La OMS recomienda limitar la ingesta gratuita de azúcar a menos del 10% de la ingesta total de calorías tanto en adultos como en niños.
  • La OMS recomienda reducir el consumo de azúcar libre a menos del 5% de la ingesta total de calorías. Los monosacáridos y disacáridos agregados por el fabricante, chef o consumidor a los alimentos y bebidas, así como los azúcares presentes naturalmente en la miel, jarabes, jugos de frutas y concentrados de jugos de frutas, son ejemplos de azúcares libres.
  • Los niveles no deben elevarse en las naciones con un bajo consumo de azúcares libres. El aumento de la ingesta de azúcares libres pone en peligro la calidad nutricional al proporcionar una energía considerable sin nutrientes particulares.
  • Estas sugerencias se basaron en un examen exhaustivo de la investigación sobre la asociación entre la ingesta de azúcar libre, el peso corporal y la caries dental.
  • El aumento o la disminución del consumo de azúcar libre se relaciona con cambios paralelos en el peso corporal, y la asociación existe independientemente de la cantidad de ingesta de azúcar libre. El exceso de peso corporal relacionado con la ingesta de azúcares libres es el resultado del consumo excesivo de energía.
  • La exposición al fluoruro disminuye la caries dental a una edad particular y retrasa el inicio del proceso de cavitación, pero no previene por completo la caries dental, y la caries dental avanza en las poblaciones expuestas al fluoruro.
  • Cuando hay opciones alternativas disponibles, el consumo de azúcares libres no se considera una técnica adecuada para aumentar la ingesta de calorías en aquellos con una ingesta de energía insuficiente.
  • Estas recomendaciones no se aplican a aquellos que requieren dietas terapéuticas, como para el tratamiento de la desnutrición aguda severa y moderada. Se están estableciendo recomendaciones separadas para el tratamiento de la malnutrición aguda grave y leve.

 

Dietas reducidas en grasa y muy controladas y energéticas

En muchos pacientes juveniles con obesidad leve o moderada, una dieta equilibrada restringida en energía combinada con educación del paciente y los padres, cambio de comportamiento y ejercicio puede prevenir el aumento de peso.

Los programas que cambian los hábitos alimenticios en las familias tienen más probabilidades de tener éxito. Según una investigación, las personas que participaron en programas comerciales de control de peso de 12 semanas perdieron más peso que aquellos que recibieron programas de atención primaria, que eran más caros de ofrecer.

Las reducciones de grasas totales y saturadas pueden ser especialmente beneficiosas en adolescentes que consumen muchas comidas rápidas altas en grasa, bocadillos y comidas rápidas envasadas, como papas fritas, pizza, papas fritas y galletas saladas. Los estudios en adultos muestran que un consumo reducido de grasa está relacionado con un menor peso corporal, IMC y circunferencia de la cintura. Si bien los hallazgos comparables en niños aún no se han validado, un metanálisis de la investigación pediátrica actual indica un vínculo claro entre el consumo de grasa y el aumento de peso. 

En los Estados Unidos, la dieta promedio para niños y adolescentes comprende aproximadamente el 35% de grasa. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda limitar el consumo de grasa al 30% de la energía total; sin embargo, ningún dato, epidemiológico o experimental, apoya la suposición de que una dieta reducida en grasas pero por lo demás sin restricciones es suficiente para una pérdida de peso significativa en personas obesas. Una dieta baja en grasas puede ser más efectiva para la prevención primaria o secundaria del aumento de peso en aquellos que han sido obesos anteriormente, especialmente si tienen una predisposición genética.

 

Dietas energéticas muy controladas

Un ayuno modificado ahorrador de proteínas puede resultar en una pérdida rápida de peso en un contexto hospitalario o ambulatorio, y ha sido utilizado de manera efectiva por múltiples investigadores en niños y adolescentes con obesidad. Un estudio de un año de duración de 73 pacientes pediátricos de 7 a 17 años, por ejemplo, encontró reducciones significativas en el porcentaje de sobrepeso, grasa corporal total (TBF), índice de masa corporal (IMC), colesterol total y de lipoproteínas de baja densidad (LDL), triglicéridos e insulina sérica en ayunas, pero ningún cambio en la masa libre de grasa. Desafortunadamente, debido a que este y muchos otros estudios combinaron la dieta con un cambio de comportamiento y un régimen de ejercicio fuerte, medir los beneficios de la dieta por sí sola es imposible.

Una dieta alta en proteínas no disminuye la necesidad de comer en jóvenes obesos. Los niños con sobrepeso y obesos asignados al azar a una de las dos dietas isoenergéticas, una dieta regular de 15% de proteínas o una dieta de 25% de proteínas, experimentaron una reducción de peso igual, cambios en la composición corporal y cambios en el hambre o el estado de ánimo. En general, los jóvenes bajaron 5,23 kg de peso corporal y tuvieron una puntuación de desviación estándar del IMC 0,25 más baja. Sin embargo, las evaluaciones del deseo de comer aumentaron considerablemente con ambas dietas durante el curso de la intervención.

En general, las dietas muy bajas en energía tienen una alta tasa de abandono y se han relacionado con la pérdida de peso magro, el desarrollo de cálculos biliares, las arritmias cardíacas y la mortalidad repentina en adultos. Además, algunas investigaciones sugieren que recuperar peso después de una dieta estricta puede resultar en un exceso del mismo, con un peso adicional depositado como un mayor porcentaje de grasa corporal.

Se han planteado preocupaciones sobre las consecuencias cardiovasculares a largo plazo de dicho ciclo de peso en adultos, pero las implicaciones de las fluctuaciones de peso significativas o cíclicas en niños y adolescentes siguen sin estar claras.

Más importante aún, se desconocen las consecuencias a largo plazo de las dietas muy bajas en energía sobre el crecimiento y desarrollo de los adolescentes, así como la función reproductiva posterior, el desarrollo musculoesquelético y el metabolismo intermedio. Debido a estas incertidumbres y los desafíos asociados con el mantenimiento de la restricción calórica extrema, las dietas de energía altamente controlada no se pueden recomendar para la gran mayoría de los niños y adolescentes obesos.

 

Psicopatología – Intervención Intensiva

La evidencia anecdótica muestra que los niños con obesidad significativa pueden desarrollar enfermedades psiquiátricas sustanciales (por ejemplo, ideación suicida, depresión maníaca u otros trastornos depresivos) que necesitan hospitalización o tratamiento a largo plazo. Se desconoce si la mayoría de estos problemas mentales son anteriores a la obesidad, causados por la misma o el resultado de la obesidad o su tratamiento. Los niños que se someten a programas de tratamiento de la obesidad, como los adultos, pueden tener un mayor riesgo de desarrollar psicopatología.

Debido a que muchos medicamentos antidepresivos, especialmente los antidepresivos tricíclicos (ATC), promueven el hambre y el aumento de peso, el tratamiento de las enfermedades mentales puede complicar o empeorar los problemas con el control de peso. Proporcione apoyo psicológico a los pacientes obesos y envíelos a evaluación y atención psiquiátrica si hay evidencia de psicopatología o disfunción.

Como se dijo anteriormente, es poco probable que cualquier intervención de terapia en un niño o adolescente obeso tenga éxito sin el conocimiento, el consentimiento y la participación activa de los miembros de la familia. La terapia familiar es útil en individuos que son resistentes a otros métodos terapéuticos, particularmente aquellos que tienen padres obesos.

 

Intervención Quirúrgica

Se han empleado diversos tratamientos quirúrgicos bariátricos en adultos y ciertos adolescentes (la mayoría de los centros, pacientes de 15 años) con un IMC superior a 40 kg/m2 o un peso superior al 100 por ciento del peso corporal óptimo.

 

Gastroplastia con banda vertical

La restricción gástrica es la cirugía más prevalente. La gastroplastia de banda vertical (GBV) implica la creación de una bolsa con una capacidad de 15-30 ml, lo que reduce significativamente la cantidad de alimentos que se pueden tomar en un momento dado. El bypass gástrico crea una bolsa más grande que drena en el yeyuno. Como resultado, los nutrientes evitan el duodeno y la mayoría del estómago, lo que resulta en el síndrome de Dumping o de “vaciamiento rápido”.

La efectividad general del procedimiento es buena, con una pérdida de peso significativa, una reducción en las complicaciones de la obesidad y un aumento en la esperanza de vida; sin embargo, el procedimiento tiene una tasa de mortalidad del 1% en adultos, y las complicaciones incluyen encefalopatía, nefrolitiasis, colelitiasis, enteropatía perdedora de proteínas y otras deficiencias nutricionales.

 

Banda gástrica ajustable laparoscópica

Debido a su relativa seguridad y reversibilidad, la instalación laparoscópica de una banda gástrica ajustable (BGAL) ha sustituido a la GBV. El BAGL se utiliza envolviendo un collar alrededor de la parte superior del estómago, 1-2 cm por debajo de la unión esofagogástrica, con un balón interno lleno de solución salina. Esto forma una bolsa gástrica superior de 30 ml, que puede alterarse inyectando una pequeña cantidad de solución salina en un puerto subcutáneo conectado al balón.

 

Conclusión 

La obesidad infantil se ha desarrollado como un importante problema de salud pública en los Estados Unidos y en todo el mundo. Actualmente, uno de cada tres jóvenes en los Estados Unidos tiene sobrepeso u obesidad. La creciente incidencia de obesidad infantil está relacionada con el advenimiento de trastornos "adultos" anteriormente considerados como diabetes tipo 2, hipertensión, enfermedad del hígado graso no alcohólico, apnea obstructiva del sueño y dislipidemia.

La obesidad en los niños es causada más comúnmente por un balance energético positivo causado por la ingesta calórica en exceso del gasto calórico mezclado con una propensión genética al aumento de peso. La mayoría de los jóvenes obesos no tienen una sola explicación endocrina o genética subyacente para su aumento de peso.

La evaluación de niños obesos tiene como objetivo determinar la fuente del aumento de peso y detectar comorbilidades causadas por el exceso de peso. Los tratamientos de estilo de vida basados en la familia, como los cambios en la dieta y el aumento de la actividad física, son la base del control de peso pediátrico. Al establecer la etapa inicial de la terapia, se recomienda un enfoque gradual para el control del peso pediátrico, teniendo en cuenta la edad del niño, el grado de obesidad y la prevalencia de comorbilidades relacionadas con la obesidad.

Las terapias de estilo de vida solo han tenido un pequeño impacto en la pérdida de peso, especialmente en niños con obesidad severa. Hay pocos datos sobre la eficacia y la seguridad de los fármacos para bajar de peso en los jóvenes. En adolescentes con obesidad extrema, la cirugía bariátrica ha demostrado ser beneficiosa para reducir el exceso de peso y aliviar las comorbilidades. Sin embargo, la investigación sobre la efectividad y seguridad a largo plazo de la cirugía bariátrica en adolescentes es escasa.